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sábado, 15 de marzo de 2014

¿Qué está ocurriendo en los foros de consulta? Pedro Flores Crespo


Un auditorio abarrotado, maestras bellamente ataviadas y frente a lo solícito de los organizadores y la pulcritud del escenario, un proceso de registro de asistentes lentísimo. Bajo este marco se desarrolló el Foro de Consulta sobre el Modelo Educativo Nacional en el Nivel Medio Superior en la ciudad de Querétaro. ¿Qué se busca con estos foros? Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), “abrir un amplio debate” en donde participen los diversos actores de la sociedad y se propongan ideas para revisar el modelo educativo vigente. ¿Realmente se cumplió con este propósito en el Foro de Querétaro? 

Tuve la oportunidad de asistir a la sesión plenaria y a una de las cinco mesas de este encuentro (Fines de la Educación Superior). Las otras cuatro fueron: (1) Marco Curricular Común (MCC), (2)



Estrategias de enseñanza y de aprendizaje, (3) El desarrollo profesional y la formación continua de docentes y directivos y (4) Gestión escolar. 

Al anunciarse los foros, muchos académicos nos mostramos escépticos y en Campus (13/02/14) levanté la pregunta sobre cómo participar en espacios permeados por la desconfianza. Reconociendo la poca confianza que tenemos los mexicanos, también expresé que era una oportunidad para la SEP organizar estos foros, pues podría, por un lado, allegarse de información de primera mano sobre la compleja problemática de la educación y por otro, reflexionar sobre las formas de participación de los asistentes. Esto quizás ayudaría a imaginar formas renovadas de planeación y gobernabilidad democrática. 

Mi ánimo decaía frente al tono de los discursos de apertura. Puro lugar común: “La educación es una herramienta muy preciada”, “eduquemos, pues el costo de la ignorancia es muy grande”, “gracias por su apoyo, el señor gobernador les manda saludos”. Mientras me acomodaba para bostezar a gusto, tomó la palabra Rodolfo Tuirán, subsecretario de Educación Media. Pudiendo usar el foro para hacer relucir las acciones e iniciativas de la oficina a su cargo, el funcionario optó por ser particularmente crítico y claro. Es evidente, asentó Tuirán, que hay una “insatisfacción” con el modelo del bachillerato en México y esto se debe a por lo menos diez factores. (1) cobertura limitada, (2) alta deserción, (3) exclusión de grupos sociales, (4) planes de estudio sobrecargados de información, (5) contenidos educativos poco estimulantes, (6) “desprofesionalización” docente, (7) modelos verticales, tradiciones y viejos hábitos, (8) baja e ineficiente inversión, (9) tránsito limitado entre distintas opciones y a niveles superiores y (10) una brecha entre las competencias adquiridas y las demandadas. La solución de estos problemas no admite “fórmulas únicas” ni unilaterales, remató Tuirán. 

Con el diagnóstico en mente, pasé a ocupar mi lugar en la sesión donde se presentaron 37 ponencias pre-registradas sobre los fines de la educación media superior. Fue una pasarela de ideas y estilos. Hasta donde pude observar, hubo una mayoría de profesores provenientes de los sistemas técnicos y tecnológicos y por lo tanto, los “fines” del bachillerato que se discutieron ahí se sobrecargaron al lado instrumental (obtener un empleo) más que al carácter intrínseco (ser una persona autónoma). De los 37 ponentes, sólo uno sostuvo que el bachillerato tendría que orientarse primordialmente a la formación ciudadana, es decir, habría que educar para la democracia. Este expositor, curiosamente, no era un maestro, técnico académico o director, sino miembro de una organización de la sociedad civil (OSC). Un punto que puso sobre la mesa este expositor fue por qué el Instituto Federal Electoral (IFE) maneja, por mandato constitucional, los programas de educación cívica y no directamente la SEP. Tiene razón.

De los argumentos pasábamos a la perorata y de ahí al discurso normativo (“se debe”) y a la propaganda de algunos representantes de los bachilleratos privados. Me preguntaba a qué grado el diagnóstico presentado por las autoridades de la SEMS empataba con las ideas, propuestas y recomendaciones de los ponentes. En este sentido, hubo tres cosas que me llamaron la atención. Primero, mientras el doctor Tuirán había argumentado que había planes de estudios “sobrecargados” de contenidos, varios expositores pedían, al contrario, incluir varias asignaturas en el plan de estudio. En este caso estaban las mal llamadas materias de “Proyección”, “Alfabetización Digital” y “Cómo encontrar empleo”. ¿Tomaría la SEP estas recomendaciones para ajustar el modelo educativo del bachillerato? Lo dudo, entonces, ¿cómo validará la SEP la información que se genere en los foros? A este respecto, el Comité Asesor, formado por reconocidos académicos, podría desempeñar un papel muy importante.

Segundo punto, a diferencia de la SEP, parecía que los ponentes tenían una visión de los jóvenes mucho más estigmatizada y pesimista. “Son apáticos”, “siempre están metidos en el iPad”, “si no son virtuales, no son reales”, “ya no van a encontrar empleo”. Hasta donde vi, no hubo alguna auto crítica de las reglas con que operan las escuelas y se conducen los maestros. Pareciera que el “modelo” está más allá de sus dominios y esto es lo que, curiosamente, proponen cambiar.

Tercero y último punto que me llamó la atención fue que a pesar de que varios profesores expresaron abiertamente su desacuerdo con la reforma educativa, estaban ahí discutiendo las cosas que les preocupaban en su acontecer diario y aceptaron que tenían la oportunidad de que “los vieran”. Esto motiva, alienta y, repito, compromete a la SEP para que imagine cómo, a partir de los foros, pueda acrecentar la confianza entre ella, los docentes y la sociedad en general. Quizás lo que se está construyendo con estas consultas no sean sólo datos, ¿o si?

Pedro Flores Crespo
Profesor de la Universidad Autónoma de Querétaro (FCPyS).

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